No hay que decir las cosas perfectas. Rezar es hablar con Dios.
Rezar es hablar con Dios, como hablás con tus papás o con un amigo. Podés usar oraciones que ya existen, como el Padre Nuestro, o contarle a Dios, con tus propias palabras, lo que te pasó en el día, lo que te preocupa o lo que te hace feliz. Dios siempre te escucha.
Podés estar de rodillas, sentado o parado: lo importante es el corazón, no la postura perfecta. Juntá las manos, cerrá los ojos si te ayuda a concentrarte, y buscá un lugar tranquilo, sin pantallas ni ruido, aunque sean solo dos minutos.
1. Signarse: tres crucecitas con el dedo pulgar
En la frente: "Por la señal de la Santa Cruz,"
En la boca: "de nuestros enemigos,"
En el pecho: "líbranos, Señor, Dios nuestro."
2. Santiguarse: una cruz grande con la mano abierta
Frente: "En el nombre del Padre,"
Pecho: "y del Hijo,"
Hombro izquierdo: "y del Espíritu"
Hombro derecho: "Santo. Amén."
Ojo con el orden de los hombros: primero el izquierdo y después el derecho. Muchas veces se reza solo la cruz grande (el paso 2), y está perfecto así.
Al levantarte
Ofrecele el día a Dios apenas te despertás.
Antes de comer
Gracias por la comida, en un minutito.
Antes de dormir
Repasá el día y decile gracias a Dios.
Cuando algo te preocupa
Contale a Dios lo que sentís, como a un amigo.
Un consejo importante
No hace falta rezar mucho tiempo. Es mejor rezar poquito pero todos los días, que mucho una sola vez. Con dos minutos ya alcanza para empezar.